26 de junio de 2012

Lo que me toca


      -¡Hacete cargo! diríamos utilizando un argentinismo básico...
      En el soleado mediodía de otoño caminaba haciendo trámites y pensando en un incidente ocurrido en la mañana. Si bién el problema no era mío me tocaba de cerca y sentí mucha frustración por todo lo que no asumimos diariamente.
      Dios nos dijo que no escondamos el rostro de nuestro hermano, o sea, que nos hagamos cargo de nuestra responsabilidad y no miremos a otro lado. Comercialmente yo aprendí esto creo que a los 18, cuando comenzé a trabajar. Si yo tomaba un trabajo, y el bien se arruinaba, yo pagaba
-o me lo descontaban- sin importar si yo no tenía la culpa,  era responsable por haber mediado entre el cliente y la empresa o taller.  Varias veces por un error pequeño tuve que terminar pagando algo de gran valor. Esas son las reglas.  Y si la regla y el mandato es claro... me pregunto por qué humanamente no nos hacemos cargo de nada. La marca de nuestra sociedad es no tener compromisos, todo rápido, inconsistente y sin ataduras; y si alguien pretende recordarme mi responsabilidad contrato a alguien para eludirla del mejor modo posible...No puedo decir que me sorprendió que un abogado me relatara que la gente prefiere cambiar de trabajo y transferir todo para no pagar sus deudas antes de hacer frente a su responsabilidad.  
       Las relaciones humanas se basan en  compromisos bilaterales.  Antes los pactos  entre personas eran frecuentes y la palabra  empeñada era el mayor valor que alguien poseía, pero en la práctica hoy ese valor está completamente devaluado. Cada uno trata de zafar de todo como mejor puede, eso para el catálogo de hoy es ser una persona inteligente.
       Anne Graham, la hija del respetado Dr. Billy Graham, dijo en una conferencia su conocida frase: "-Y dijimos que estaba bién"... y porque dijimos que estaba bien  a lo que Dios dijo que estaba mal ahora no deberíamos quejarnos de los resultados. No estamos enfrentando las consecuencias de nuestra propia siembra,  por eso la sociedad  se ha degradado y corrompido. No era la intención original de Dios que tuviéramos que hacernos responsables, pero desde el episodio conocido como "La Caída" cuando el hombre comió del arbol prohibido del bién y del mal,  quedó preso de su propia responsabilidad. No hay vuelta de eso. Ahora hay que hacerse cargo.
      En la pastoral veo hace años la falta de aplicación de una regla básica de instituto que sirve para toda la vida: ponerle el pecho al problema apenas lo veo aparecer. Los pastores por la sobrecarga de trabajo tienden a hacer lo mismo que los gerentes o CEO de una empresa, como tienen mil problemas que tratar dilatan los temas más profundos para luego. Lo urgente reemplaza lo importante.  Yo intento hacer exactamente lo contario, tratar el problema apenas aparece el primer síntoma. ¿Porqué?  Porque hay una ley física que se aplica aquí a lo espiritual o emocional o no tangible: comparemos el problema que viene con un alud,  si yo contengo el primer desprendimiento de tierra pararé el problema ahí, pero si no lo enfrento ahí y miro para otro lado, luego tendré un alud arrasador encima, que lo más probable es que termine conmigo y con todo lo que rodea.
      Todos los días, en todo lugar del mundo, es lo típico no hacerse cargo. La culpa siempre la tiene otro. La responsabilidad nunca es mía. Asi pasamos los días culpando desde Dios al país pasando por el vecino. Nadie hace nada bién y por eso -concluimos- este mundo anda así... En las relaciones humanas esto es tan pero tan diario y no hablado que suele disgustarme. La gente puede desvivirse por ser responsable por un cachorro o un trabajo, pero no así con las demás personas a las que nos fue mandado amar y cuidar. Todos quieren la solución afuera , nadie quiere confrontarse a sí mismo. Y la vida de hoy, y las relaciones fallidas de hoy, no son sino el resultado de la conducta y acciones anteriores.  Diariamente veo repetirse lo mismo que yo hice por tantos años, acumular deudas de todo tipo  emocionales, relacionales, financieras y no pagarlas. Acumulo deudas de gratitud, de amor, de dinero, de cosas que me prestaron y nunca devolví,  y cada día esquivo mirar la realidad.
       Imagínate que una mañana Dios no se haga cargo de que salga el sol, y los planetas giren, y la perfecta rotación de cada uno no ocurra…. Imagínate un segundo de distracción del que creó y sostiene el Universo. Imagina el caos... “Juzgando toda desobediencia cuando vuestra obediencia sea perfecta”.  Estas palabras me vuelven a recalcar de parte del Creador que todo comienza por mí.
      Pero,  ¿qué puedo hacer yo personalmente para que esto cambie?
      Escuché una mujer del campo  decir que la tierra se había  “abuenado” porque habían formado una cooperativa y trabajado una porción de tierra que antes era inservible.  Sí, sabiduría pura, la tierra, las sociedades se vuelven buenas cuando cada uno lo es. Las buenas actitudes, el cambio por lo mejor contagian a otros y hasta la tierra vé su efecto.  Cuando alquilas una casa a veces el jardín es un páramo, tal vez todos los inquilinos anteriores solo usaron el lugar y a la tierra ni la miraban; y la tierra se entristece y se seca, y mata todo lo que hay en ella. Pero si llegas y miras eso, y te pones a plantar, cuidar y regar, al rato tendrás un hermoso jardín. La responsabilidad personal se vé en cada cosa que tocamos o habitamos, en cada vida que rozamos. Hay personas que dejan un legado de cosas mejores en cada lugar o persona donde les toca estar, ¿son acaso especiales? No, simplemente asumen su parte y cumplen lo que prometen o al menos se hacen cargo de sus errores para intentar repararlos.
      Cuando Moisés en el Ëxodo se paró frente al mar, intentó pedirle a Dios que se hiciera cargo; mas El, aludiendo claramente a la línea que separa lo que solo Dios puede hacer de lo que al hombre le toca hacer. le contestó: -"¿Por qué clamas a mí? Tú alza tu vara, y tu divide el mar y tú haz pasar al pueblo en seco".
     Así, cada vez que debas tomar una decisión, piensa como Moisés que no hay escapatoria, ni se vale mirar al costado; delante está un mar que si no enfrentas te ahogará, y detrás siempre algo te persigue los talones. Levanta tu vara (que es tu posiblidad, lo que tienes a mano) confía en Dios y decide lo correcto. Nunca es tarde para aprender, para mejorar y aún para volver a empezar. La responsabilidad es algo que se aprende haciendo.
     Toma tu lugar en la vida y sé responsable por eso, nadie más puede hacerlo por tí.

1 comentario:

  1. Edith, Gracias por tus palabras, nuevamente tan acertivas en el momento justo que las necesito. BENDIGO vida y tu ministerio, que el Señor te siga fortaleciendo y dando sabiduria para compartir con todos nosotros.Bendiciones
    Martha Ortega

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